Para Sam, la misión es tan suicida como seductora. Movido por el rencor y por la certeza de que sus habilidades lo convierten en la única persona capaz de llevarla a cabo, acepta un plan que desafía toda lógica y pone en jaque la seguridad del continente. Cada movimiento exige precisión absoluta; cada error puede ser fatal.
Mientras tanto, la inspectora Julia Duarte inicia una investigación que avanza contra reloj. Sin saberlo, su persecución no solo la acerca peligrosamente al responsable del complot, sino también a un pasado que creía enterrado. A medida que las piezas encajan, Duarte descubre que tras la amenaza se oculta una compleja trama de intereses, secretos y traiciones en la que nada es lo que parece y nadie está a salvo.
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